TechRadar informa de que unas pruebas rutinarias de ciberseguridad identificaron componentes de terceros en cámaras destinadas a drones de Royal Navy. Los componentes enviaban comunicaciones automáticas de “heartbeat” a una dirección IP en China. Después se eliminó la conexión a internet de los subsistemas de cámara afectados y se cerraron las vulnerabilidades.
Por ahora no hay pruebas de que se accediera a datos, imágenes o sistemas clasificados del Ministry of Defence, ni de que se extrajeran. Tampoco existen pruebas públicas de que el incidente expusiera ubicaciones, personal o movimientos operativos de Royal Navy.
Aun así, el caso muestra cómo puede reducirse la visibilidad varios niveles dentro de una cadena tecnológica de suministro. La telemetría básica puede revelar potencialmente la presencia de un dispositivo, su tiempo de actividad y sus patrones de uso. Combinadas con OSINT, SIGINT, metadatos de enrutamiento o información sobre ejercicios y despliegues, esas señales podrían contribuir a una imagen de inteligencia más amplia, aunque la fuente no afirma que eso ocurriera aquí.
Los sistemas de defensa modernos combinan procesadores, cámaras, módulos de comunicaciones, microcontroladores y firmware de proveedores de todo el mundo. Las organizaciones pueden conocer mejor a sus proveedores de Tier One que a los de Tier Two, Tier Three y niveles posteriores. Los componentes comerciales estándar permiten desarrollar sistemas con rapidez y un coste relativamente bajo, incluidos sistemas no tripulados demostrados en Ucrania, pero también pueden crear dependencias.
La fuente sostiene que el riesgo debe evaluarse por lo que un componente puede ver, hacer y comunicar, no solo por el país que aparece en su etiqueta. La segmentación de redes, las vías de comunicación restringidas y el aislamiento físico cuando corresponda pueden limitar las consecuencias de un comportamiento inesperado.
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