Cada vez más personas llevan dispositivos capaces de detectar, grabar o procesar lo que ocurre a su alrededor. Esto plantea nuevas preguntas sobre la privacidad en espacios públicos. Según TechRadar, más de 7 millones de personas compraron gafas inteligentes Meta Ray-Ban en 2025. Su adopción ha coincidido con preocupaciones por el acoso encubierto, prohibiciones en lugares públicos y peticiones para detener por completo su venta.
Los expertos describen este cambio más amplio como la estilización de la vigilancia. Meta ha recurrido al marketing de moda, incluida una campaña con Kylie Jenner, para presentar sus gafas inteligentes Ray-Ban como parte del estilo personal cotidiano. Las gafas ofrecen traducciones en directo, comandos manos libres y creación de contenido en movimiento. Estas funciones pueden favorecer la independencia de las personas con discapacidad.
Los defensores de los derechos digitales sostienen que la moda y la comodidad pueden hacer que la grabación constante parezca más aceptable y fomentar la recopilación de datos personales. La especialista en ética de la IA Catharina Doria afirma que las personas pueden dejar de pensar en los datos que entregan porque consideran atractivo el dispositivo.
Las preocupaciones sobre la privacidad van más allá de las cámaras. Los auriculares de Nothing incluyen la función “Audio Snapshot”, que realiza una grabación instantánea del entorno. Otros dispositivos conectados pueden recopilar continuamente datos ambientales para entrenar modelos de IA. Siguen abiertas preguntas sobre si los sensores están activos de forma permanente, qué resultados y metadatos se conservan y si la información se vincula a una cuenta o ubicación. El GDPR europeo incluye principios como transparencia, consentimiento y minimización de datos, pero la expansión de sensores portátiles siempre activos plantea dificultades para los marcos de privacidad existentes.
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